sábado, 8 de diciembre de 2012

LA SEXUALIDAD DE LA MUJER


MODELO DE SEXUALIDAD  

A lo largo de la historia el modelo de sexualidad de la sociedad se ha basado en el 
placer masculino, y  la sexualidad femenina sólo ha existido como respuesta a la suya. 
El modelo de sexualidad refleja el lugar que ocupan las mujeres en la sociedad, y 
aunque las mujeres occidentales poco a poco están progresando y luchando por 
revindicar sus derechos, aún queda mucho camino por recorrer para vencer a la 
falocracia, ya que muchos estudios corroboran lo poco que han cambiado las cosas a 
pesar de la aparente imagen actual de la mujer liberada. 
Por todo ello, las mujeres no han sido educadas para ser dueñas de su  sexualidad y 
se desconoce muchas cosas sobre ella y esto es la causa de la mayoría de los mitos, 
dudas y de los problemas que existen entorno al placer femenino. Muchas mujeres no 
están satisfechas con sus relaciones, ya sea por la falta de orgasmos, por sentirse  
incómodas con sus cuerpos, por rutina y aburrimiento, por miedo a experimentar, por 
no decir lo que quieren, por pura ignorancia e incluso por sentimientos de culpa. 
Las diferencias entre la sexualidad masculina y femenina surgen desde que nacemos: 
si el bebé es varón, los padres están orgullosos con su pene y aprueban su futura vida 
sexual, sin embargo, si es niña, suelen ocultarle u omitir el sexo, por temor a un 
embarazo precoz. También podemos observar diferencias en la entrada a la 
sexualidad masculina y femenina, ya que vemos cómo ellos con sus primeras 
poluciones nocturnas, están orgullosos y alardean de ello, sin embargo, para  las 
mujeres la menarquia es un hecho negativo, les provoca vergüenza y la intentan 
ocultar.  
Por todo ello, debemos cuestionar el modelo de sexualidad dominante e intentar 
abolirlo. Además, esto también les beneficia a ellos, porque no es justo que se les 
haga creer que su masculinidad depende de su pene y de sus logros en la cama. Así 
que, el nuevo modelo de sexualidad debería ser más justo y que nos satisfaga a todos. 

LA PRIMERA VEZ EN LA MUJER 

Hay muchos tópicos y conceptos erróneos sobre la primera relación sexual de la 
mujer, tales como, que es muy dolorosa, que si la chica no sangra o no tiene himen no 
es virgen o que es el chico el que debe tomar la iniciativa. 
La realidad, es que en la primera relación sexual se suele llegar con desconocimiento, 
a veces con miedo y a menudo suele ser una decepción. Cada mujer la vive de distinta forma. En ocasiones suele ser dolorosa porque la chica está nerviosa, ya sea por 
miedo a que le duela, a sangrar o a que se produzca un embarazo no deseado, pues 
los nervios favorecen la tensión de los músculos que rodean la vagina, contrayéndola 
e impidiendo la penetración. También el dolor puede ser debido a la falta de 
lubricación de la mujer o a que el lugar elegido para mantener relaciones sexuales no 
sea confortable o tenga falta de intimidad. 
La idolatría al himen es otra forma cultural de controlar a la mujer. El himen es una 
membrana muy fina que cubre parcialmente la entrada de la vagina y el hecho de 
tenerlo o no, no tiene por qué tener relación con la virginidad. En la primera relación se 
puede romper o no, ya que hay chicas que nacen sin himen y otras que se les rompe 
en circunstancias como una caída, un ejercicio brusco, montando a caballo o en bici, o 
incluso introduciendo los dedos en la vagina al masturbarse. Si se rompe el himen, al 
desgarrarse, en algunas chicas puede ir acompañado de una pequeña hemorragia sin 
importancia, mientras que en otras no ocurre, esto se debe a que cada himen tiene 
una consistencia diferente. 
EL PLACER FEMENINO  

Las mujeres deben responsabilizarse de su sexualidad, porque muchas de ellas nunca 
se han planteado cómo viven su sexualidad y qué esperan de ella, para ello tienen que 
conocer su cuerpo, saber cómo funciona, descubrir lo que les produce placer y hablar 
de ello. Las mujeres tienen derecho a disfrutar de sus cuerpos como quieran y con 
quien quieran, a experimentar y poner en práctica sus deseos y a recibir una 
educación que les ayude a vivir plenamente su sexualidad. 
El sexo no es algo espontáneo y natural, es una cuestión cultural, es decir, se 
aprende, por ello es bueno que las mujeres se informen y si es necesario, pedir ayuda 
profesional. Hay estudios que dicen que los hombres piensan más en el sexo y que 
tienen más ganas, unos lo atribuyen a la influencia de la testosterona, otros a la cultura 
y a los años de represión y otros dicen que se debe a una combinación de ambos 
factores, aunque lo cierto es que el sexo es importante para las mujeres y no sólo para 
los hombres. El sexo empieza en el cerebro y las mujeres no podrán vivir plenamente 
su sexualidad si no se liberan de los prejuicios y tabúes y si no se sienten cómodas 
con su cuerpo, ya que muchas mujeres al mantener relaciones sexuales están 
inseguras con su cuerpo, nerviosas por estar a la altura o les preocupa más el placer 
de su pareja que el propio suyo y por todo ello son incapaces de disfrutar del sexo.  
La práctica sexual por excelencia es el coito, aunque debemos saber que el sexo y el 
coito no son sinónimos, como anteriormente hemos mencionado. Otras prácticas 
sexuales que satisfacen a las mujeres igual o más que el coito son, el sexo oral, de hecho el cunnilingus se está convirtiendo en la práctica sexual favorita de las mujeres; 
el sexo anal, aunque esta práctica aún está rodeada de muchos absurdos tabúes y la 
masturbación, de la que hablaremos posteriormente. Hemos de ser conscientes de 
que no existe una práctica sexual mejor que las demás, lo ideal es actuar según el día 
y las ganas de cada uno, siempre respetándose mutuamente.  
El placer es una experiencia subjetiva, lo incluye todo, se expande por todo el cuerpo, 
por ello toda la piel es susceptible de provocar excitación sexual y la obsesión por la 
genitalidad hace que se descuiden otras partes del cuerpo. Para muchas mujeres el 
periné y el ano son áreas de gran sensibilidad. Una zona controvertida es el punto G, 
la mayoría de sexólogos defienden su existencia, es una zona eréctil situada en la 
pared anterior de la vagina, a unos tres a cinco centímetros de su apertura, aunque no 
resulta fácil de encontrar y no satisface a todas las mujeres por igual. Dos zonas 
altamente sensibles son el cuello uterino y el fondo de saco vaginal posterior, ambas 
situadas en la parte superior de la vagina. También, alrededor de la uretra existe un 
tejido esponjoso muy vascularizado que puede causar placer, esta zona se conoce 
como el punto U. 

La masturbación 

En el pasado se pensaba que la masturbación era “pecado” y se castigaba 
severamente. Consideraban que era cosa de hombres y se suponía que las mujeres 
no lo hacían. De hecho, aún hoy, debido a nuestra mala educación sexual, parece que 
lo sea, ya que apenas se habla de masturbación femenina y, cuando se hace, todavía 
nos resulta violento. 
Existen muchos mitos y falsas creencias entorno a la autosatisfacción. Por ejemplo, 
pensamos que al tener pareja hemos de renunciar a nuestra individualidad sexual, ya 
que creemos que autosatisfacerse significa estar descontento  con nuestra vida 
sexual, cuando en realidad, la masturbación debería formar parte de nuestro repertorio 
sexual de pareja. También pensamos que las mujeres se masturban menos que los 
hombres, cuando en realidad, tanto chicos como chicas se masturban.  
Las caricias genitales comienzan desde el primer año de vida. Lo que ocurre es que 
ellos tienen a la vista el pene y se lo tocan constantemente, por lo que suelen empezar 
antes que ellas a masturbarse. Sin embargo, las mujeres tienen sus órganos sexuales 
menos accesibles y son más complejos y en muchos casos descubren la 
masturbación de manera accidental, cuando se dan cuenta de que obtienen cierto 
placer al  ducharse, al miccionar y retener la orina o al juntar las piernas con fuerza. Lo 
que sucede es que las mujeres no lo reconocen y no hablan tan abiertamente del 
tema, ya que en nuestra sociedad nunca se ha visto con buenos ojos el que una mujer 
se masturbe y por ello, algunas mujeres se sienten cohibidas y no lo dicen por lo que se pueda pensar de ellas y muchas se sienten culpables después de masturbarse por 
la educación que han recibido.  
Por tanto, la masturbación debería considerarse algo natural que forma parte de 
nuestras vidas, es una práctica sana, liberadora y divertida. Ésta favorece una actitud 
abierta a la sexualidad y ofrece la posibilidad de que la persona conozca su propio 
cuerpo y cómo este responde a la estimulación sexual. Además, debería ser algo 
comúnmente aceptado y enseñado, de hecho tiene la aprobación de la Organización 
Mundial de la Salud y los terapeutas sexuales recomiendan su práctica. 
El orgasmo 
Hay confusión en cuanto al orgasmo femenino, ya que muchas personas creen que 
hay dos tipos de orgasmos, el clitoriano y el vaginal, pero esto no es cierto; de estos 
dos, sólo existe el clitoriano y se puede llegar a él de diversas formas, tales como, la 
penetración, la estimulación directa del clítoris o por otro medio físico o psíquico. A 
pesar de esto, hay mujeres que piensan que algo va mal si no alcanzan el orgasmo 
vaginal, esto se debe al descrédito del clítoris que existe en nuestra sociedad, 
provocado por el miedo que tienen los varones de perder el protagonismo, por nuestra 
deficiente educación sexual, por la exagerada importancia del coito y por el  
conformismo de las mujeres. Pero lo cierto es que el clítoris es el único órgano 
humano que sólo existe para recibir y transmitir estímulos sexuales, además, el pene 
equivale al clítoris y no a la vagina, por ello es normal que para la mayoría de mujeres 
la penetración vaginal no es suficiente para alcanzar el clímax. De hecho, seis o siete 
mujeres de cada diez necesitan estimulación directa del clítoris para lograr el orgasmo. 
Entre la mitad y un tercio de las mujeres son multiorgásmicas, pero esto no se debe 
convertir en una obsesión, porque todas las mujeres pueden llegar al orgasmo,  salvo 
causas de fuerza mayor como pudiera ser una enfermedad física o mental grave. Para 
la mayoría de hombres el objetivo del sexo es llegar al orgasmo y por ello hay una 
enorme presión ejercida para que las mujeres tengan un orgasmo durante el coito y 
por ello muchas fingen e incluso, en ocasiones ellos también lo hacen por no quedar 
mal o para no herir los sentimientos de la pareja, algo completamente erróneo y 
perjudicial para ambos. Además, los sexólogos advierten que la fase del deseo es la 
mejor parte de las relaciones sexuales y el prolongar la excitación hace que el 
orgasmo sea más placentero. 

EVOLUCIÓN DE LA SEXUALIDAD FEMENINA  

La capacidad sexual de hombres y mujeres a lo largo de la vida no es coincidente y 
eso suele perjudicar a las mujeres. Éstas suelen mostrar menos interés por la 
sexualidad durante la adolescencia y poco a poco, van ganando en sensibilidad hasta 
llegar a la plenitud sexual en torno a los treinta y cinco y los cuarenta años, incluso un poco más tarde. Masters y Johnson explican que las mujeres se excitan más rápida e 
intensamente en este período, sobre todo si ya han tenido varios hijos, ya que se cree 
que tras un parto aumenta el riego sanguíneo en la zona pélvica. A partir de ese 
momento su capacidad sexual empieza  a disminuir gradualmente, a un ritmo más 
lento que el de los hombres, y no desaparece. A diferencia de lo que les sucede a 
ellos, la edad no tiene porqué afectar a la capacidad orgásmica (aunque a partir de los 
sesenta los orgasmos descienden en intensidad) y tampoco necesitan de un periodo 
refractario cada vez más largo.  
Hay que acabar con la falsa creencia de que con la llegada de la menopausia se 
tienen que despedir del sexo. Múltiples estudios demuestran que las mujeres que han 
sido activas, pueden seguir siéndolo, incluso pueden aumentar su deseo debido a los 
cambios hormonales, la mayor seguridad en sí mismas, la pérdida de inhibiciones o la 
imposibilidad de un embarazo no deseado. 

IMPORTANCIA DE LAS RELACIONES SEXUALES EN LA PAREJA 

Además de su función procreadora, las relaciones sexuales son una forma esencial de 
expresión de la vida en pareja. De hecho, frecuentemente se consideran como un 
indicador de la marcha global de la relación de convivencia entre dos personas. El ser 
humano busca la felicidad y el bienestar, y en este sentido, múltiples estudios han 
concluido que unas relaciones sexuales satisfactorias producen los siguientes 
beneficios: 
• La relación sexual adecuada, actúa sobre el sistema nervioso y el metabolismo 
del ser humano, favoreciendo un estado de equilibrio y de bienestar físico y 
psicológico.  
• Producen un efecto de rejuvenecimiento.  
• Previenen la aparición del estrés y de los trastornos psicosomáticos (fobias, 
ansiedad, alergias, alteraciones digestivas, etc.).  
• Protegen contra enfermedades como el infarto de miocardio y la hipertensión.  
• Disminuyen la frecuencia del cáncer de útero en la mujer y del adenoma de 
próstata en el hombre.  
• Consolidan la relación de pareja. 

LAS RELACIONES SEXUALES INSATISFACTORIAS  

Es frecuente que una pareja, a lo largo de su vida, sufra algún tipo de problema en sus 
relaciones sexuales. Las causas pueden ser múltiples, pero vamos a centrar la 
atención en un problema concreto, las relaciones sexuales insatisfactorias. Este es el caso de las parejas cuya relación sexual se limita a realizar el coito de forma 
rápida, mecánica y rutinaria, con el objeto de alcanzar el orgasmo (el hombre en 
mayor medida que la mujer). Debido a que la mujer, por su fisiología, tiene un ritmo 
sexual más lento que el del hombre, se hace difícil que ella pueda alcanzar el orgasmo 
en poco tiempo, lo que le genera frustración. A veces, la mujer finge el orgasmo para 
que el hombre acabe cuanto antes con algo que a ella le genera rechazo. Algunos 
hombres pueden, por egoísmo o desinformación, no preocuparse siquiera de procurar 
que la mujer obtenga satisfacción sexual. A menudo, la situación descrita va 
acompañada de una falta de muestras de afectividad (besos, caricias, gestos y 
palabras de cariño y sensibilidad). El resultado de mantener este tipo de relaciones es 
la frustración e insatisfacción, especialmente de la mujer. A la larga, se resienten el 
bienestar personal y la relación de pareja.  
¿Qué se puede hacer para mejorar esta situación? 
En primer lugar, comunicación. La mujer debe exponer a su pareja claramente las 
cosas, expresándole, con honestidad y claridad, sus sentimientos y cuáles son sus 
deseos, necesidades y expectativas. Es preciso, para avanzar en las soluciones, que 
ambas partes, al 50%, tomen conciencia de que quieren mejorar las cosas y que ello 
conllevará esfuerzo y tiempo.  
Es preciso tratar el asunto con tranquilidad, sin centrarse en las culpas de cada uno, 
sino más bien, en los hechos y en las posibles soluciones. Será muy beneficioso, a 
largo plazo, fomentar la comunicación abierta y sincera entre la pareja. 
Son cuatro los elementos indispensables para lograr una exitosa vida sexual: 
educación, confianza, comunicación y complicidad. Con educación nos referimos a 
‘limpiar’ la sexualidad de tabúes, de las imposiciones culturales que por generaciones 
han destruido la vida de pareja. Esa educación da la confianza para comunicarse y, 
finalmente, el diálogo lleva a la complicidad.  
Expresiones como “me duele” o “me gusta” equivalen a dar el primer paso en el 
camino de esas ‘conversaciones’ necesarias para alcanzar una vida sexual exitosa. 
Muchas mujeres aún ocultan que no disfrutan de orgasmos en las relaciones y ellos no 
comentan con sus amigos que padecen una disfunción y no saben cómo o a dónde 
acudir. Nos da vergüenza nombrar estas situaciones. Así se da el anacronismo de 
parejas de todas las edades que, cansados de practicar sexo, no saben cómo hacer 
disfrutar a la otra persona o, aún peor, cómo disfrutar plenamente de la propia 
sexualidad. La comunicación sexual es una doble vía en la que públicamente se hacen 
chistes fuertes y en la intimidad no se toca el tema; el silencio es cómplice de los 
inconformismos y las frustraciones.  

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