sábado, 8 de diciembre de 2012

DESARROLLO EVOLUTIVO DE LA SEXUALIDAD


Desde la infancia hasta la vejez ocurren cambios en la sexualidad de la persona.
Conocer cuáles son los aspectos que contribuyen a la conformación de una sexualidad
sana puede facilitarnos la comprensión de las dificultades que aparecen a lo largo de
las etapas vitales en  relación a la sexualidad.
En la  etapa neonatal,  la niña y el niño tienen un patrón de conducta sexual poco
diferenciado. A excepción de los órganos genitales, distintos en cada sexo, el
comportamiento motor y sensorial es semejante en ambos.
En la primera infancia se establecen unos vínculos de afecto con los referentes más
próximos. Éstos generan sentimientos de protección y se comunican de forma íntima
(contacto corporal), proporcionando seguridad y estima hacia uno mismo. También se
aprende a reconocer y a expresar emociones. Hay estudios que demuestran que
déficits en la vinculación afectiva traen como consecuencia déficits en la sexualidad.
Desde los  2 a los 6 años, hay una serie de cambios fundamentales (motores e
intelectuales) para el desarrollo en general y que tendrán un significado especial para
el desarrollo sexual. Comienzan las actividades autoexploratorias y autoestimulatorias
que pueden generar angustia en los mayores y provocar reacciones reprobatorias
hacia el menor si no se contemplan como naturales. No se deben juzgar ni intentar
corregir. En esta etapa tiene una especial importancia el proceso de identificación e
imitación de modelos de conducta sexual, que comienzan a definir las actitudes ante la
sexualidad y los modos de relacionarse en los planos erótico y afectivo.
De los 7 a los 10 años el niño y la niña son más autónomos, se manejan mejor en el
mundo real y conocen su identidad sexual. Se reafirman en lo que conocen por
observación de la conducta de los adultos; son conscientes de las sensaciones físicas
y emocionales asociadas al contacto y la cercanía física; experimentan la excitación
sexual y la relación afectivo-sexual con su grupo de iguales. Por ello, las actitudes de
reprobación o castigo por su curiosidad pueden tener una influencia negativa en el
desarrollo posterior de la esfera psicosexual de la persona. La falta de respuestas ante
dudas sexuales convierte a lo sexual en lo prohibido. Es conveniente una buena
información sexual, animando a hablar de la sexualidad cuando se crea preciso.
Con los primeros años de la adolescencia llega la madurez sexual de los niños. La
adolescencia se inicia con la pubertad; es un proceso de desarrollo endocrino y
corporal que produce varios cambios físicos; las expectativas de los cambios pueden
generar mucha inseguridad. También pueden surgir conflictos entorno a la identidad
sexual  y la orientación del deseo. Con el grupo de iguales el adolescente afianzará su
identidad sexual y su figura corporal le dará un prestigio social. Si no cumple con los
cánones impuestos, marcados por los medios de comunicación y las modas, puede
sentir malestar e inseguridad.

En la  edad adulta, la persona sufre multitud de cambios, sobre todo en el plano
psicológico. A principio de la edad adulta se toman decisiones que van a marcar el
resto de la vida. En el plano de la sexualidad es un tiempo de experimentar, conocer,
buscar y profundizar en la propia expresión sexual. Conviven la incertidumbre con la completa satisfacción. Si en cualquier aspecto de la vida las creencias y la educación
moldean la conducta, en la sexualidad ocurre lo mismo. En la medida en que se logra
madurez para preguntarse sobre principios y normas relativas a la sexualidad, cada
persona adquiere la posibilidad de desarrollar su esfera sexual con total libertad y de
vivir de un modo pleno su orientación sexual.
El adulto espera culminar durante esta etapa la orientación del deseo, el tipo de vida,
el estado civil y la estabilidad con la pareja, o, si se prefiere, en solitario. Todos ellos
son aspectos que tienen su repercusión en el comportamiento sexual, aunque no
desaparecen las condiciones anatómicas, psicológicas y emocionales, y siguen
presentes los recuerdos de etapas pretéritas, las fantasías, las asociaciones y
expectativas que conforman el entramado del que surge la conducta sexual.
En los  ancianos, el proceso de envejecimiento hace que la actividad sexual
disminuya, pero no desaparece. La sexualidad de la tercera edad está en función de lo
que ha sido la primera y segunda edad, de manera que cuanta más sexualidad y
afectividad se haya tenido de jóvenes y de adultos, más rica tenderá a ser en la última
etapa de la vida.
A mucha gente se le hace difícil pensar que los hombres y mujeres de la tercera edad
tengan todavía sentimientos, necesidades y relaciones de tipo sexual, y esto viene
dado por la tradición cultural a la que se pertenece. En muchos casos o circunstancias,
tales como trastornos de la salud, pérdida del cónyuge, etc., se crea una base física y
social real que justifica la inexistencia de actividad sexual, pero no quiere decir que en
estas personas no continúe la existencia del interés sexual.
Los profesionales de la salud no estamos exentos de estos prejuicios socioculturales
respecto a la sexualidad del adulto mayor, y hemos hecho poco por esclarecer y/o
resolver los problemas que surgen en cuanto a la sexualidad de este grupo.

Existe una inquietante tendencia a equiparar la actividad sexual con la coital, mientras
que las necesidades emocionales del individuo de la tercera edad pueden cubrirse
completamente mediante una actividad sexual que no siempre lleva al coito. La
necesidad de relacionarse con otras personas, de expresar sentimientos, de recibir
afecto de la otra persona no se pierde por más viejos que seamos. Por ello se dice que
la tercera edad es la edad del erotismo, significando con esta expresión que al
desaparecer los intereses o las preocupaciones reproductoras, la sexualidad en esta
etapa de la vida tiene como único fin recibir y dar placer. Para disfrutar de una vida
sexual plena en la tercera edad se debe tener un estado de salud razonablemente
bueno, estar interesado en la sexualidad, y tener una pareja que le resulte interesante. Debe propagarse la idea de que la sexualidad en la tercera edad es algo bueno y
necesario si se desea.

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